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Las páginas que componen este libro narran la historia de un maestro poco convencional. No es un maestro que aproveche la primera oportunidad para llevar a cabo su vocación, enseñar, sino que se dedica a aprender, con los niños y niñas que comparten aula, lo que es la docencia práctica.
La administración decidió que enseñara en una Escuela Unitaria a niños de infantil, cuando era maestro de primaria. La formación teórica no le aseguró todas las competencias que le hacían falta, como enseñar a leer o a sumar,... La docencia trascendía al proceso de enseñanza-aprendizaje en algunos momentos, como cuando aparecían las pulgas en el aula, o cuando comenzaba a sangrar una nariz. La inexperiencia y la soledad hacían duro sobrevivir el día a día.
En la vida los problemas se pueden afrontar de dos formas: lamentándose o afrontándolos con afán de superación. Plantar cara a la situación de forma optimista, reflexiva y autocrítica le permitió vivir experiencias inigualables y enriquecedoras: Ver como los niños descubrían que eran capaces de leer un cuento y eso les emocionaba al igual que a sus familiares; el aprendizaje de la suma y la resta, los colores, conocer nuevos animales, disfrutar un día en el Zoo… En lo personal también vivió, y aún sigue viviendo, grandes experiencias como: Ser capaz de integrarse como uno más en el pueblo; la valoración y reconocimiento de su trabajo; y sobre todo, como mejoraba como maestro y así desarrollaba su vocación.
Las páginas de este libro están escritas con el alma, en las que la educación trasciende de la mente y el cuerpo para instalarse en las emociones y en los sentimientos.
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